Pittsburgh se despidió con una derrota espantosa e la primera roda de playoffs.
Por Juan Manuel Arróniz
Los Acereros llegaron a la postemporada con una seguidilla de seis o siete partidos mal jugados, a la baja y sumamente vulnerables a pesar de su récord. Lo del domingo por la noche fue la debacle total de un equipo que jamás hizo por corregir errores evidentes a kilómetros de distancia; una ofensiva sin imaginación y sumamente dependiente de Ben jamás iba a llegar lejos.
Lo de ayer fue doloroso por el resultado y los modos, pero fue, sobre todo, triste. Confirmó lo que muchos – dispuestos a ver más allá de los resultados en temporada regular – sabemos sobre Mike Tomlin. Es un gran orador, no es si quiera un buen entrenador. Ayer aplicó la que ha sido su forma de trabajo desde hace años: permanecer viendo hacia la pantalla gigante mientras su equipo se caía estrepitosamente en un primer cuarto para el olvido.
Más dolorosa aun fue la clásica imagen de un Roethlisberger aparentemente inmovilizado por el temor de verse abajo en el marcador. Cabizbajo y alejado de sus compañeros, dando todas las señales que ningún quarterback debe dar jamás a sus compañeros. Por momentos se pareció un poco a su vieja versión, pero no fue suficiente, la loza era ya demasiado pesada. Sus estadísticas finales son un microcosmos de su carrera y un reflejo del poco balance de la ofensiva acerera. Completó 47 de 68 para 501 yardas con cuatro touchdowns y cuatro intercepciones.
En lo personal, jamás había visto estadísticas tan extrañas para un mariscal de campo en postemporada.

Por su parte, los Browns jugaron un partido por nota. Jamás quitaron el pie del acelerador, parecía que todos en el equipo conseguirían poner puntos en el marcador. Baker Mayfield y compañía demostraron que éstos son unos nuevos Cafés con más corazón y futbol americano que unos desmotivados Acereros. Ganaron en postemporada por primera vez en más de 25 años, lo hicieron a pesar de no haber entrenado gran cosa en la semana, con Kevin Stefanski en su casa y con una línea ofensiva llena de jugadores desconocidos.
La defensiva negro y oro, como sucediera hace cuatro años frente a Jacksonville, fue simple espectadora. Ni una sola captura logró el equipo que ha liderado la liga endicha categoría las pasadas cuatro temporadas, acumulando 73 encuentros consecutivos con al menos una. Ni siquiera estuvieron a distancia de incomodar a un Mayfield que se comportó como todo un veterano.
Ni que decir del par de corredores de la ofensiva rival. Nick Chubb y Kareem Hunt hicieron lo que quisieron con los Steelers en los pasados dos juegos, Mayfield utilizó al primero de ellos como válvula de escape para vencer las cargas de Keith Butler. Mientras Hunt funcionó como corredor de poder (no lo es) ante una defensiva incapaz de taclear.
La paliza dejó en evidencia la incapacidad de Mike Tomlin en postemporada. Sería mentira decir que la Nación Acerera está sorprendida por el resultado, se tiene que ser muy optimista para pensar que este equipo iba a algún lado. Si no hubieran perdido ante Cleveland, Buffalo se hubiese encargado. Un entrenador con carácter de dientes para afuera no sirve en una institución históricamente ganadora como lo es Pittsburgh.
Obviamente, Tomlin permanecerá en el puesto. Sin embargo, jamás volverá a lograr nada al frente del equipo; pronto estará sin Ben Roethlisberger y se entrará en un período natural de reconstrucción. Sin afán de exagerar, es momento de despedirse del mariscal de campo franquicia, del entrenador en jefe y del coordinador ofensivo. Empezar de cero prácticamente.
Pero sabemos de la paciencia inacabable de los Rooney, la historia seguirá repitiéndose hasta que sea simplemente insostenible. Este año volvimos a sufrir de indisciplina cortesía de JuJu Smith-Schuster (próximo a convertirse en Antonio Brown 2.0) y Chase Claypool, quien se dio tiempo de faltarle al respeto a un equipo que simplemente le pasó por encima.
En fin, volverá a ser una temporada baja bastante larga en la ciudad del acero.
