Pittsburgh se vio superado en casa por Las Vegas 26-17.

Por Juan Manuel Arróniz

¿Muy pronto para presionar el botón de pánico? Los Acereros lucieron ampliamente superados el domingo en su estreno como locales. El marcador es en primera instancia engañoso, Las Vegas estuvo bajo control por amplios momentos y Pittsburgh – a pesar de haberse ido arriba con poco más de siete minutos en el segundo cuarto – nunca pareció estar en el juego.

Apenas se han jugado ocho cuartos de futbol americano, pero la ofensiva es una calca de la del año pasado. Entiendo los movimientos previos a la salida de la jugada, los engaños, cambios de dirección, etc. Sin embargo, en esencia es increíblemente parecida, como si la debacle de la 2020 no hubiese dejado lecciones a su paso. Siguen dependiendo de los milagros de un receptor tras pases de dos, tres yardas.

Me vendieron y compré. Lo confieso, durante el campamento de entrenamiento y la pretemporada la plática en las calles, los bares y demás lugares de esparcimiento era todo Matt Canada. La nueva ofensiva elevaría a un veteranísimo Roethlisbeger al olimpo de nueva cuenta. Najee Harris correría a través de las defensivas rivales sin esfuerzo, mientras los receptores se daban una vida de lujos a costa de las secundarias rivales. Quizá exagero, pero algo así sonaba hace unas semanas.

Lo de ayer, la realidad. De nuevo ineficientes al momento de intentar correr el ovoide tras una línea que sufrió bastante, como era de esperarse. Pittsburgh jamás pudo hacer de su corredor novato una amenaza real, aunque Roethlisberger pudo conectar con él en una buena jugada de 25 yardas para su primera anotación profesional. Tampoco le representan peligro a los contrincantes un Chase Claypool poco utilizado o un JuJu Smith Schuster que por momentos tiende a desaparecer.

Bien por los Raiders. Jon Gruden puso el partido sobre los hombros de su mariscal de campo; Derek Carr respondió. 382 y dos de anotación sin manchar su actuación con algún error significativo le valieron su segundo gran partido en fila. Supo sacarle el mayor provecho a su catálogo de armas, cuatro de sus compañeros cerraron el día con cinco recepciones, prueba de que no depende solamente de Darren Waller o Hunter Renfroe. Ambos tuvieron un partido bastante decente, de cualquier manera.

Los Acereros llegaron al compromiso cojeando visiblemente. Sin Joe Haden y Devin Bush, dependieron de una secundaria todavía en desarrollo, con un apoyador central todavía aprendiéndose el libro de jugadas (y de paso acostumbrándose a la vieja tradición acerera de poner a sus linebackers en situaciones poco ventajosas). De Josh Jacobs no se acordó ni su mamá, Las Vegas no lo requirió. Prácticamente no necesitaron del juego terrestre – en claro peligro de extinción – ante una endeble defensa aurinegra que perdió a Tyson Alualu por el resto del año, muy probablemente.

La pronta salida de T.J. Watt vía lesión en la ingle dejó en claro porqué el angelito cobra tan barato. Se merece cada maldito centavo de su sueldo. Hay grandes jugadores en esta defensiva, ninguno puede cambiar el juego como él. Le bastó apenas un tercio de cuarto para hacerse con una captura y un balón suelto forzado. Habrá que esperar noticias sobre su recuperación, aunque se espera su participación la próxima semana ante Cincinnati.

foto:behindthesteelcurtain.com

Podría parecer muy temprano para apretar el famoso botón de pánico. De momento se viene un encuentro bastante a asequible frente a los Bengals. Lo cierto es que necesitamos a toda la defensiva sana porque en ella volverán a recaer nuestras esperanzas esta campaña. Quizá ni así se logre mucho; bastantes carencias a la secundaria fueron evidenciadas por la visita el domingo.

En la semana uno los Bills le regalaron el partido a Pittsburgh, esa es la realidad. El equipo tendrá que hacer mucho más si quiere tener oportunidades de postemporada.

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