A los 72 años, falleció Franco Harris.
Por Juan Manuel Arróniz
La terrible noticia golpeó como un balde de agua fría a la Nación Acerera durante los albores de este miércoles 21 de diciembre. El legendario corredor aurinegro, Franco Harris, perdió la vida a los 72 años. Las causas de muerte no fueron reveladas aún.
A dos días de cumplirse los 50 años de la Inmaculada Recepción y a tres de tener su número retirado en el juego de este sábado entre Acereros y Raiders, el líder histórico de la franquicia en yardas terrestres se nos adelantó en el camino. Harris firmó la jugada más famosa de la historia cuando en el duelo divisional de 1972 estiró sus manos y atrapó un balón previamente desviado tras el choque entre Jack Tatum y Frenchy Fuqua. Pittsburgh enfrentaba cuarta y 10 desde su 40, 7-6 abajo en el marcador. La improbable anotación de Franco le daría al equipo de Art Rooney su primera victoria en postemporada, serviría como antesala a una gran dinastía y sembraría las semillas de una enorme rivalidad con los Raiders.
Desde aquella gélida tarde en el Three Rivers Stadium, la leyenda del novato corredor proveniente de Penn State alcanzó dimensiones estratosféricas (todavía hoy, su estatua recreando la citada recepción recibe a los turistas en el aeropuerto de Pittsburgh, a lado lo acompaña un tal George Washington), pero el tipo jamás perdió el piso y sus compañeros siempre lo describieron como una de las mejores personas tanto dentro como fuera de los vestidores.
Luego de su retiro, el hombre de la eterna barba fundó negocios en la ciudad del acero, permaneciendo siempre cercano al equipo. Harris se encargó de anunciar un sinfín de selecciones en los últimos años, incluidas las de Kenny Pickett y Pat Freiermuth. Durante mucho tiempo realizó una cena conmemorando la Inmaculada Recepción e incluso realizó una demostración ante una marcha del Ku Klux Klan, narrada por Dan Rooney en su autobiografía.
Justamente fue su hijo y presidente de la franquicia, Art Rooney II, quien temprano en esta triste mañana compartió un comunicado a través de la página del equipo: «Es difícil encontrar las palabras adecuadas para describir el impacto de Franco Harris en los Pittsburgh Steelers, sus compañeros de equipo, la ciudad de Pittsburgh y la Nación de los Acereros. Desde su temporada de novato, que incluyó la Inmaculada Recepción, hasta los 50 años siguientes, Franco alegró a la gente dentro y fuera del campo. Nunca dejó de retribuir de muchas maneras. Tocó a muchos y fue querido por muchos. Nuestros pensamientos y oraciones están con su esposa Dana, su hijo Dok y toda su familia en estos difíciles momentos».
Nacido un 7 de marzo de 1950 en Fort Dix, Nueva Jersey, el hijo de un padre militar y una madre italiana que se conocieron durante la Segunda Guerra Mundial, fue tomado por los Acereros con la decimotercera selección en el draft de 1972. La obstinación de Arthur Rooney Jr hizo posible la llegada del larguirucho corredor a la franquicia, pues Chuck Noll ya había puesto los ojos sobre Robert Newhouse de la Universidad de Houston.
Encargado principalmente de abrirle huecos a Lydell Mitchell en su etapa colegial, la llegada de Harris al equipo no causó gran impresión, ya que durante el campamento de entrenamiento atacaba los espacios con dudas. Fue hasta una larga escapada frente a Atlanta en un partido de exhibición que los Acereros se dieron cuenta del talento en sus piernas. Durante más de una década correría detrás de una línea compuesta principalmente por hombres esbeltos a comparación del promedio en aquella época y bajo un sistema que empleaba los bloqueos de trampa con suma frecuencia.

Harris culminó su campaña de novato con 1,055 yardas y 10 anotaciones, además de la ya citada Inmaculada Recepción y el premio a Jugador Ofensivo Novato del Año con el 95% de los votos. Al momento de su retiro en 1984 – temporada jugada con los Halcones Marinos de Seattle -, Harris era el tercer líder corredor en la historia de la liga, solo detrás de Jim Brown y Walter Payton, con 12,120 yardas. Franco anotó 100 veces durante su trayectoria profesional, lo hizo por tierra en 91 ocasiones. Sus 307 recepciones están a tan solo 29 de las 336 con que se retiró Lynn Swann.
Las 158 yardas terrestres y su touchdown en el Super Bowl IX le valieron el premio a Jugador Más Valioso. En 12 campañas vistiendo el negro y oro superó la barrera de las mil en ocho ocasiones, fue nombrado a nueve juegos de estrellas, condecorado como All-Pro en 1977 y como el Hombre del Año (el actual Walter Payton Man of the Year) en 1976. Solo Emmith Smith supera sus 1,556 yardas y 16 anotaciones en postemporada.
La clase de 1990 lo vio enfundarse un saco amarillo como nuevo miembro del Salón de la Fama, la tarde en que Jack Lambert hizo lo propio. Su discurso de inducción estuvo cargado de agradecimientos y emotividad. «Recordamos, pero mientras jugábamos, nunca supimos lo que nos depararía el futuro […] Sólo intentábamos ganar el siguiente partido, intentábamos darles lo mejor que teníamos cada semana y al intentar darles lo mejor cada semana, nunca supimos en ese momento que estábamos construyendo un ala Steeler para el Salón de la Fama, nunca lo supimos. Pero ahora siempre sabrás que viste lo mejor, lo sabrás porque lo dice aquí en Canton para que todos lo vean, los Pittsburgh Steelers están aquí y aquí para quedarse, recuérdenlo».
Previo a lo anterior preguntó si la Armada Italiana estaba presente, recibiendo como respuesta los sonoros gritos y aplausos de antiguos miembros. El grupo de aficionados surgió en 1972 cuando Al Vento, el dueño de una pizzería en Pittsburgh, y su primo, Tony Stagno pusieron como pretexto la ascendencia del estelar corredor como pretexto para fundarlo. Incluso Frank Sinatra, gracias a la intervención del gran Myron Cope llegó a formar parte del mismo como general de una estrella.
Lamentablemente, la disputa contractual entre Harris y el equipo en 1984 no pudo llegar a buen puerto y el histórico fue colocado en waivers por la organización en agosto. A petición de Joe Gordon, el director de relaciones públicas del equipo en ese entonces, Franco accedió a platicar con Chuck Noll en un intento por resolver la disputa. Según Gary M. Pomerantz en su libro Their Life’s Work, la charla duró cinco minutos; un héroe de la franquicia salía por la puerta de atrás. A pesar del famoso «Franco who?» del propio Noll cuando los reporteros le preguntaron por el ausente corredor durante el campamento de entrenamiento, el corredor nunca guardó rencor hacia la organización.
Con la oportunidad de eclipsar, aunque fuese solo por unas semanas (Payton le pisaba los talones), el récord de yardas terrestres establecido por Brown, Franco sumó unas tristes 170 en su última campaña profesional y jamás pudo presumir el logro.
«Era, sinceramente un buen tipo», le dijo Terry Bradshaw al panel de Good Morning Football esta mañana. «Su éxito nunca lo cambió. Esa es una de las bellezas sobre él».
La del sábado no será una noche triste en el Acrisure. Se honrará la memoria de una leyenda de la mejor forma posible, con un Pittsburgh frente a Raiders, 50 años después de la jugada que hizo grande a un tipo que era mucho más que la Inmaculada Recepción y retirando su inmortal dorsal 32.
En paz descanse, Franco Harris.
Foto de portada cortesía: elsoldelalaguna.com.mx

Así es! Descansa en paz, Franco Harris! 🙏
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